Un año y medio tras el perdón de las deudas: el antes y el después de un caso real de segunda oportunidad.
- Juan Lopez
- hace 2 días
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Hace un año y medio, el 30 de octubre de 2023, el Juzgado de Primera Instancia número 6 de Lleida (actualmente, Juzgado Mercantil número 1 de Lleida) concedió a un matrimonio leridano la exoneración de una deuda de 350.478 euros gracias a la aplicación de la Ley de la Segunda Oportunidad.
Se trataba de una pareja que, tras haber sido dueña de una empresa de automoción en Tàrrega, vio cómo la crisis de 2008 le arrebataba su negocio y su hogar.
Hoy, con el paso del tiempo, ha conseguido rehacer sus vidas y su historia continúa inspirando a quienes se encuentran en situaciones similares. El profesional que llevó el caso recuerda los momentos clave del procedimiento y cómo este caso refleja la importancia de acceder a asesoramiento especializado en Derecho Concursal.
En este sentido, la familia manifiesta que «nuestra gratitud a todo el equipo profesional, no tiene fin. Nos demostraron que su trabajo va más allá de la excelencia profesional. Nos apoyaron y acompañaron en todo momento, transmitiéndonos serenidad y enfrentándose a las enormes dificultades de nuestro caso con determinación, rigor y contundencia». Por ello, «gracias a su esfuerzo y compromiso superamos el mayor reto de nuestra vida y ahora miramos al futuro con una sonrisa».
DE LA ESTABILIDAD AL CAOS FINANCIERO
Cuando en 2006 este matrimonio decidió emprender en el sector de la automoción, jamás imaginó que años después estaría luchando para sobrevivir económicamente. «Como la mayoría de personas de nuestra generación, la del 65, nuestros padres y educadores nos inculcaron los valores del respeto y el sacrificio en el trabajo, sin esperar ninguna recompensa por ello», indica.
Su negocio creció hasta contar con siete empleados, pero la de la crisis de 2008 supuso un golpe devastador: los bancos endurecieron el acceso al crédito y las ventas de vehículos cayeron drásticamente.
Durante siete años mantuvieron su propia empresa y reinvirtieron los beneficios «en el bienestar de nuestros trabajadores, siete padres de familia, y en la mejora continua del negocio», explican.
Esto suponía una gran satisfacción personal y una excelente imagen financiera y social.
Paralelamente, los directores de las sucursales bancarias llamaban a la pareja continuamente para ofrecerles planes de pensiones, seguros de vida y una largo etcétera de productos financieros.
Asimismo, «las pólizas las renovaba el banco de manera automática, sin pasar por el notario», por lo que «creíamos tener un valor añadido que nos proporcionaba tranquilidad financiera», añaden. Sin embargo, en 2013, una de las entidades bancarias con las que trabajaban decidió no renovar la póliza de negocio a menos que presentaran un aval, alegando la difícil situación económica y unas normas más estrictas.
La pareja ofreció su vivienda y el banco aceptó, pero una semana después les informaron que el analista no podía aprobar la operación y, por lo tanto, no podía renovar la póliza añaden.
DESPRECIO POR PARTE DEL BANCO
Ante tal situación, el hombre pidió hablar con el director. «Me dijeron que tenía que pedir cita y así lo hice. Después de esperar más de una hora despacho y no volvía. Los días posteriores tampoco atendía a nuestras llamadas. Nos empezamos a desesperar, especialmente cuando nos comunicaron que, incluso con el aval, no renovarían la póliza porque nuestra vivienda, igualmente, quedaría embargada si no la devolvíamos completa», apunta el hombre.
La otra entidad con la que trabajaban también les denegó la renovación de la correspondiente póliza, la cual vencía en pocas semanas. «Además, nos dijeron que en caso de no retornarla en el vencimiento también embargaría nuestra vivienda, ya que al abrir la empresa dispusimos de un préstamo a cambio del aval de la hipoteca. Con estas circunstancias y con mis conocimientos empresariales y financieros limitados busqué ayuda entre conocidos y amistades», expresa él. Posteriormente, llegaron los primeros recibos domiciliados que los bancos retornaban a los proveedores por falta de fondos, «lo que generó presiones y falta de suministros», indica el hombre.
Ante tal situación, tanto él como su mujer, que trabajaba de secretaria en la empresa, dejaron de cobrar cualquier salario para hacer frente a las nóminas y pagar puntualmente a sus trabajadores.
«Esto nos dejó descapitalizados y sin margen de maniobra. Sin tiempo para reaccionar, tuvimos que cerrar y despedir a nuestra plantilla», recuerda el empresario afectado.
El cierre del negocio marcó el inicio un auténtico calvario. «A partir de ese momento comenzaron las visitas del cobrador del frac con su vehículo aparcado delante de nuestro domicilio, un pueblo de 1.000 habitantes, embargos de las cuentas asociadas a las de nuestras hijas, la cancelación de todas las cuentas en otros bancos, visitas de proveedores a nuestra casa y situaciones similares que ni en la peor pesadilla podríamos haber llegado a imaginar. Incluso, nos llegaron a cortar la luz».
De este modo, «empezamos a tomar ansiolíticos y a sobrevivir como podíamos». No obstante, la pareja acabó perdiendo su vivienda y vivió años de angustia con constantes reclamaciones de los acreedores.
«Nos sentimos completamente abandonados, como si todo lo que habíamos construido no tuviera valor. La tristeza nos invadía, porque nunca aceptamos préstamos bancarios como si no fuéramos capaces de devolverlos. Tampoco devolvimos una domiciliación y siempre, incluso cuando no nos renovaron las pólizas, la empresa estuvo saneada, sin deudas. Pero nos convertimos en morosos de por vida. Entramos en un estado depresivo permanente, con dificultades en nuestra relación familiar, incapacidad para tomar decisiones y otros problemas emocionales que no se los deseamos a nadie», confiesa la pareja.
EL GIRO INESPERADO
Fue en 2021, casi por casualidad, cuando el empresario conoció al despacho profesional que le llevaría el caso. En aquel momento, el matrimonio estaba a punto de perder lo poco que le quedaba. «Recuerdo que hablamos brevemente sobre su caso y me di cuenta de que cumplían todos los requisitos para acogerse a la Ley de la Segunda Oportunidad», explica el profesional.
«Su historia no era única: después de la crisis de 2008, muchas familias y empresarios quedaron atrapados en deudas imposibles de pagar, a pesar de haber hecho todo lo posible por salir adelante».
Por su parte, el hombre argumenta que «estaba delante de una persona cuya fama le precedía. Me sentí impresionado y necesité explicarle nuestra situación. El profesional nos ofreció su primera ayuda de manera desinteresada. Posteriormente, mi mujer y yo fuimos al despacho con documentación y después de analizarla, el equipo nos informó que había posibilidades que nos permitían paralizar temporalmente y dilatar el desahucio y, probablemente, exonerar las deudas. Cabe decir que al inicio teníamos mucha incredulidad».
A partir de ese momento, el equipo profesional se puso en marcha para iniciar el procedimiento legal que permitiría al matrimonio liberarse de sus deudas.
EL FALLO DEL JUEZ Y UN NUEVO COMIENZO
Finalmente, tras un proceso que duró casi dos años, en octubre de 2023, el juez resolvió a favor del matrimonio y les concedió la exoneración total de su deuda. «Recuerdo perfectamente el día que les di la noticia», comenta el asesor «Fue un momento de gran emoción, porque habían pasado de vivir en la desesperación más absoluta a tener una segunda oportunidad real».
El empresario también rememora ese día con intensidad: «Cuando me llamaron, estaba en la calle y me puse a llorar como un niño. No podía creer que después de tantos años de angustia, por fin éramos libres. Dejamos de ser morosos y se produjo un cambio drástico en nuestras vidas. No necesitamos más ansiolíticos. Un hecho curioso y, a la vez, sorprendente: volvimos a conectar nuestro despertador porque dormíamos por la noche».
COMO HA CAMBIADO SU VIDA UN AÑO Y MEDIO DESPUES
Hoy, la pareja ha logrado recuperar la normalidad. Aunque el impacto emocional de lo vivido aún persiste, han dejado atrás el miedo constante a las llamadas de los acreedores y la incertidumbre económica.
«Nuestra actitud y la relación con el entorno ha mejorado. Pudimos animar a nuestras hijas a seguir estudiando y hoy las tres han acabado sus carreras universitarias, lo que nos hace sentir orgullosos de las personas increíbles en las que se han convertido», expresan.
Además, «volvemos a sentirnos personas normales, con trabajos en otro ámbito laboral donde nos sentimos reconocidos profesionalmente y sin la presión de una deuda que nos perseguía», explican. «A veces nos cuesta creer que fue posible, pero sin duda, la clave fue encontrar a este despacho y su equipo».
Por su parte,el profesional, subraya la importancia de que más personas conozcan la Ley de la Segunda Oportunidad. «En España sigue habiendo mucho desconocimiento sobre esta ley. Mucha gente sigue atrapada en deudas porque creen que no tienen solución, cuando en realidad existe un mecanismo legal que puede ayudarles».
El caso de este matrimonio no es único. Cada año, cientos de personas se acogen a la Ley de la Segunda Oportunidad para liberarse de deudas que, de otro modo, los condenarían de por vida.
«La lección que deja este caso es que nunca es tarde para buscar una solución. Lo importante es pedir ayuda y confiar en profesionales que sepan cómo aplicar esta ley para dar un nuevo comienzo a quienes lo necesitan».
Fuente.- O. Buentas






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