Perdonan más de 70.000 euros de deuda a una mujer que acumulaba varios créditos y préstamos desde 2004.
- Juan Lopez
- 11 nov
- 2 Min. de lectura
Perdió sus dos puestos de trabajo a raíz de la pandemia de COVID-19, quedándose sin ingresos para afrontar los pasivos
El Juzgado Mercantil nº1 de Lleida ha perdonado un pasivo de 71.594 euros a una deudora de buena fe que perdió sus dos trabajos por el COVID-19 gracias a la Ley de Segunda Oportunidad. La mujer había contratado una considerable cantidad de créditos para poder salir adelante tras divorciarse de su marido en 2004, préstamos que no podía continuar pagando al quedarse sin empleo.
Según cuenta la trabajadora cuando se separó de su ahora expareja "me dejó solamente con 500 euros, sin acceso a las cuentas bancarias porque estaban a su nombre". Además, como vivía en su piso y temía que la echara se lo compró en 2006, solicitando para ello "el primer préstamo y luego la hipoteca de 72.000 euros, aunque me concedieron 100.000".
Así fue como comenzó a acumular pasivos uno tras otro, deudas que pagaba con dos trabajos. A pesar de ello llegaba a final de mes siempre en números rojos, lo que le obligaba a continuar pidiendo créditos y préstamos constantemente:
"Cuando me veía apurada, pensaba que era una solución (pedir financiación con intereses), pero fue un grave error".
Cuando llegó la pandemia de COVID-19 todo empeoró aún más. La mujer perdió sus dos trabajos, quedándose también sin ingresos ni poder asumir los casi 72.000 euros de deuda que llevaba años acumulando, situación a la que se sumaba un malentendido con su inmobiliaria.
Amenazas constantes de los bancos y recobros
Y es que, dada la situación y fruto de su nueva relación sentimental, decidió alquilar su vivienda, un proceso totalmente normal y rutinario sino fuera porque en el momento de la firma la inmobiliaria redactó un contrato de compraventa con pago aplazado para los nuevos inquilinos. Así, las cuotas que pagaban los compradores se hacían a cuenta del precio total de la vivienda, pero el inmueble tenía más deuda que el importe que pactaron para la venta puesto que las cuotas que iban pagando no contaban con ningún tipo de interés.
Con el paso del tiempo la mujer fue capaz de recuperar uno de sus empleos, momento en el que empezaron a sucederse las amenazas. Denuncia que recibía llamadas constantes de las entidades de cobro de deuda, además de correos electrónicos, y que incluso "un día se presentó en mi trabajo la directora de una entidad bancaria reclamando el dinero", una situación que describe como "humillante e imposible de olvidar".
Fuente.- El Confidencial







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